Capítulo 50: LOS LEGENDARIOS DE PAYON – LA BATALLA

Yzma tenía acorralada a Sophie, anulando cada intento de magia con precisión quirúrgica. Desesperada, Sophie desenvainó una daga y se lanzó al ataque físico, pero una barrera luminosa surgió ante Yzma: un Safety Wall que absorbió el golpe sin inmutarse.

Mientras tanto, Criss había arrasado con gran parte del ejército de resucitados, una estela de fuego y destrucción a su paso. Kazu y yo también habíamos aniquilado otra horda. La interrupción del casteo de Sophie impedía que pudiera reanimar más caídos; el flujo de muertos vivientes se había cortado de raíz.

De repente, Kazu y yo nos vimos rodeados. Los legendarios de Payon, espectros de un pasado glorioso, nos cercaron con movimientos calculados. Any alzó su mano y lanzó un Frost Driver para inmovilizarnos, pero la ráfaga helada se hizo añicos bajo el estruendo del Fire Rain de Kazu. Las llamas devoraron el hielo en un choque de elementos primigenios.

Sabíamos que estábamos en clara desventaja: Valdor podía desplegar Pneuma y nuestras balas se volverían inútiles. La tensión se mascaba en el aire.

Felurian, imparable, se abalanzó con su espada y escudo. Un Shield Charge me golpeó como un ariete, lanzándome por los aires y aturdiéndome con violencia. El mundo dio vueltas. Me vi en el suelo, indefenso. Ella se alzó sobre mí, su espada reluciente contra el cielo… era el fin.

Bajó el arma con un Bash brutal, pero un resplandor sagrado detuvo el acero a centímetros de mi pecho. ¡Un Kyrie Eleison! Mis ojos buscaron desesperados a mi salvador.

De entre las sombras surgió Blanca, con un uniforme sacerdotal distinto, más radiante que nunca. Una sonrisa iluminó su rostro.

—¿Estás bien? —preguntó, y su voz fue un bálsamo.

—Sí… —respondí, apenas consciente. Su curación recorrió mi cuerpo y me levanté renacido, como nuevo.

Blanca canalizó bendiciones sobre Kazu, quien con una mirada de gratitud desató su arsenal. Ráfagas y disparos barrieron el campo, pero Valdor invocaba Pneuma una y otra vez, frustrando cada impacto.

Felurian se preparaba para atacarnos de nuevo, pero una sombra ígnea se interpuso. Criss llegó de un salto imposible, su puño envuelto en llamas. ¡Meteor Storm! El impacto lanzó a Felurian lejos, estremeciendo el suelo.

—¿Están bien? —exclamó el joven mago, y yo apenas podía creer lo ágil que era. Criss usaba sus hechizos como extensiones de su cuerpo, un mago de combate cuerpo a cuerpo, una visión insólita y aterradora.

Felurian se incorporó, sacudió su armadura y cargó contra Criss. Él formó un escudo con su brazo de hielo y, a quemarropa, lanzó descargas de Fire Bolts y Cold Bolts que perforaron el blindaje enemigo… pero no bastó. La guerrera era una titán. Criss gruñó:

—Diablos… sí que es temiblemente fuerte.

Con un movimiento táctico, usó Disarm y la espada de Felurian voló lejos. Sin perder un instante, Criss golpeó el suelo y un Lord of Vermillion estalló, paralizando momentáneamente a los legendarios con su danza de rayos.

Kazu no desaprovechó la oportunidad. Su Fire Rain aniquiló a Any, atravesándola con una lluvia de fuego. Yo activé Round Trip, y mi danza de balas hirió a Valdor y a Kenzaiten.

Pero Kenzaiten, al recibir el daño, empezó a cambiar. Sus ojos se volvieron oscuros, una corrupción demoníaca lo liberó de la parálisis antes que los demás. Se abalanzó sobre mí con su hacha; el Kyrie resistió el filo, mas la fuerza del impacto me sacudió hasta escupir sangre. El dolor fue cegador.

Criss intentó auxiliarme, pero Felurian lo golpeó con el escudo y lo derribó sin piedad.

Entonces, Blanca actuó. Un Safety Wall protegió a Criss y, en un mismo aliento, me curó. De la nada, una flecha de plata surcó el aire y se clavó en la frente de Kenzaiten. El guerrero se estremeció. Blanca se acercó, posó su mano sobre su pecho y un resplandor purificador expulsó a los demonios internos. ¡Estaba liberado!

Aproveché ese instante. Empuñé mi Gatling Gun y descargué un Full Buster a quemarropa. Kenzaiten cayó, por fin en paz.

Una voz familiar nos llegó desde las alturas. Focalor descendió con el arco aún tenso.

—Creo que llegué a tiempo. ¡Blanca, te ves increíble!

Blanca, sin apartar la mirada del frente, respondió con determinación:

—No es momento de halagos, Focalor. Aún nos faltan dos legendarios… y los causantes de esta masacre.

Nos preparamos. El sudor, la sangre y el acero brillaban bajo el sol de Einbroch. Aún quedaban leyendas por redimir, y la guerra no había terminado.

Nos lanzamos juntos a la batalla final.

FIN CAP 50

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