Kazu y yo estábamos a punto de terminar el curso intensivo de Rebellion. Nos habían dado la oportunidad de utilizar otro tipo de armas, y yo me decidí por una Gatling Gun como arma secundaria. Kazu mencionaba que era una buena elección, ya que nos ayudaría a combatir infligiendo más daño y a gran escala.
De repente, el líder del gremio de los Gunslingers irrumpió en la habitación. Su rostro era una máscara de urgencia.
—Chicos, estamos en guerra. Un grupo de no muertos, junto con dos personas de vestimentas desconocidas, están atacando las puertas de la ciudad. Como nuestro escondite está aquí, es nuestro deber defenderlo.
Kazu se adelantó, preocupado.
—Líder, pero así todo el mundo sabría dónde nos encontramos.
El líder le sostuvo la mirada y respondió con firmeza:
—Así es, joven Kazu, pero son más importantes las vidas de las personas y nuestro hogar.
—¿Nosotros también combatiremos? —pregunté, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a despertar.
—Claro —respondió el líder, y una chispa de orgullo brilló en sus ojos—. Será su forma de practicar sus nuevas habilidades. Y, por cierto… para que se emocionen más… el camino del pistolero no termina en ser un Rebellion. Hay un paso más allá, y el único que ostenta ese puesto soy yo. Demuéstrenme que pueden alcanzarme.
Emocionados, tomamos nuestro nuevo uniforme, nos equipamos y subimos por unas escaleras hasta alcanzar una posición elevada, desde donde teníamos una visión periférica y completa del campo de batalla.
Allí estaban Sophie y Lion, al mando de un ejército colosal. Pero lo que heló mi sangre fue lo que los rodeaba: los legendarios de Payon, inmóviles, como espectros a la espera de una orden.
Kazu me tomó del brazo.
—¿Quiénes son esos?
Tragué saliva antes de responder.
—Son los legendarios que tanto comentan en Ragnacoffe… No son una leyenda, son reales. Los resucitaron y los están usando en nuestra contra.
La furia transformó el rostro de Kazu.
—¿Cómo pueden hacer esto a personas que dieron su vida por la paz?
Sin esperar un segundo más, desenfundó su Gatling Gun y abrió fuego desde las alturas. La lluvia de balas segó a los muertos que avanzaban, haciéndolos caer como marionetas sin hilos.
Pero Sophie levantó la cabeza, sus ojos se clavaron directamente en nosotros.
—Ahí están, Lion. Debemos acabar con ellos.
Lion sonrió con ferocidad.
—¡Déjamelo a mí! ¡UNHOLY CROSS!
El ataque surcó el aire como un rayo oscuro e impactó de lleno en la torre donde nos encontrábamos. La estructura se desmoronó bajo nuestros pies, pero saltamos justo a tiempo hacia el techo de un edificio cercano. Me giré hacia Kazu, el polvo aún suspendido a nuestro alrededor.
—¡Es hora de meternos en medio de este asunto! ¡Acabemos con ellos!
En ese instante, las enormes puertas de Einbroch se abrieron con un rugido metálico, y de la ciudad emergió un ejército completo de Gunslingers, salpicado aquí y allá por la figura imponente de algún Rebellion.
Kazu alzó su arma y gritó:
—¡FIRE RAIN!
Una línea recta de cadáveres quedó trazada en el suelo, como una frontera que la muerte no se atrevería a cruzar. Yo activé mi habilidad Round Trip y comencé a derribar a todo enemigo a mi alrededor, sintiendo el ritmo del combate latiendo en mis venas.
Lion nos señaló desde la distancia.
—¡Ahí están los aventureros de los que nos habló el jefe! Sophie, ¡vamos tras ellos!
Lion lanzó otro Unholy Cross directo hacia nosotros, pero una barrera de fuego estalló ante él, deteniéndolo en seco.
Lion se giró, sorprendido, y vio a un mago cuyo brazo derecho ardía en llamas vivas. El mago le dedicó una sonrisa afilada.
—¡No tocarás a mi compañero!
Impulsándose con una ráfaga de Fire Bolts, el mago se disparó a gran velocidad y lanzó un golpe ígneo que conectó de lleno. Su grito resonó en el campo de batalla:
—¡METEOR STORM!
Lion salió despedido por los aires, estrellándose a gran distancia.
Sophie, estupefacta, balbuceó:
—¡P-p-pero Meteor Storm no es así!
Criss, con el brazo aún llameante, respondió con calma:
—Hay un mundo de posibilidades… como mi brazo. Puedo ajustar mis habilidades para que sean más efectivas según mi conveniencia.
Furiosa, Sophie estaba a punto de lanzar un ataque directo contra Criss, pero su conjuro fue cancelado por una explosión eléctrica. Un Thunder Storm estalló sobre ella, dejando un olor a ozono en el aire. De entre el humo emergió Yzma, sonriendo con malicia, acompañada por Levt el Knight.
—No te preocupes, hermanito —dijo Yzma, guiñándole un ojo a Criss—. No dejaré que esta loca haga de las suyas.
A partir de ese momento, el campo de batalla se convirtió en un torbellino de caos y destellos. Criss calcinaba no muertos con precisión letal, dejando tras de sí un rastro de cenizas. Yzma mantenía a Sophie inmovilizada, impidiéndole usar sus habilidades con contrahechizos certeros. Y Levt luchaba cuerpo a cuerpo con Lion, entre choques de acero y rugidos de esfuerzo.
Al ver a mis amigos combatir, una alegría inmensa me llenó el pecho. Contemplar cuán fuertes se habían vuelto me hizo sonreír en medio de la guerra. Ya no eran los mismos aventureros que una vez partieron de Prontera; ahora eran guerreros capaces de cambiar el rumbo de una batalla.
Pero la lucha aún no había terminado.
Los legendarios de Payon seguían allí, impasibles, esperando su turno en la oscuridad. Y mientras los observaba, una pregunta me atravesó el alma como un disparo frío:
¿Lograremos salvar sus almas?