Focalor desplegaba una habilidad increíble para herir a Felurian, pero ella mantenía activas todas sus destrezas defensivas. Era un tanque monstruoso, una fortaleza andante que apenas cedía terreno.
Criss se levantó del suelo, sus puños temblando de furia.
—¡Ya basta, estoy harto!
Las palabras retumbaron como un trueno. Su brazo comenzó a formarse de fuego vivo, las llamas se extendieron por todo su cuerpo hasta envolverlo en un manto incandescente. Sus ojos ardían con determinación.
—Soy el mejor mago según mis maestros… ¡Es hora de hacerles honor!
Una ráfaga de Fire Bolts lo impulsó a una velocidad cegadora. Con la otra mano, encerró a Felurian en barreras de fuego que se alzaron como una prisión infernal. El cielo se tornó negro, nubes tormentosas se arremolinaron sobre el campo de batalla. El aspecto de Criss mutó: rayos comenzaron a danzar alrededor de su cuerpo, sus ojos brillaron con un amarillo eléctrico. Dio un salto imposible hacia el cielo oscuro, su puño rebosante de electricidad, y gritó con una voz que hizo temblar la tierra:
—¡LORD OF VERMILLION! ¡MÁXIMA POTENCIA!
Una explosión de luz y poder cegó a todos los presentes. El destello fue tan intenso que el mundo desapareció por un instante, consumido por un blanco absoluto.
Cuando la visibilidad regresó, un silencio sepulcral cayó sobre el campo. Allí estaba Criss… con una espada atravesándole el abdomen. Pero frente a él yacía Felurian, abatida, reducida a cenizas una vez más. El titán había caído, pero a un costo atroz.
—¡Criss! —gritó Blanca, corriendo hacia él. Sus manos ya emanaban luz curativa mientras nos miraba con urgencia—. Tengan cuidado, me tomará tiempo estabilizarlo. ¡Apoyen a Kazu a derrotar a Valdor!
Valdor seguía erguido, protegido por su Pneuma, un muro invisible que nos hacía impotentes. Sabíamos que nuestros ataques eran inútiles contra él. Pero Blanca, incluso en su labor de sanación, extendió su otra mano y desató un Lex Divina. Un sello sagrado silenció a Valdor, su Pneuma se desvaneció como humo.
—¡AHORA! —gritó Blanca.
Focalor tensó su arco y liberó un Sharp Shooting que silbó al cortar el aire. Yo empuñé mi Gatling Gun y descargué un Full Buster que rugió como una bestia mecánica. Kazu alzó su arma y desató un Fire Rain que descendió como juicio celestial.
Los tres ataques convergieron en Valdor, y el último de los legendarios de Payon cayó. Por fin, habíamos acabado con todos. Fue un combate difícil, una prueba de fuego que nos llevó al límite, pero lo habíamos logrado.
En otro flanco, Levt cargó con un Bowling Bash devastador y empujó a Lion, que rodó por el suelo hasta caer a los pies de Sophie. Los teníamos rodeados; la trampa se había cerrado.
Sophie, acorralada, sacó un Ala de Mariposa para huir. Pero yo fui más rápido. Un Disarm certero se la arrancó de la mano. Las alas falsas cayeron al suelo. Ya no habría escape.
Sabíamos que era peligroso dejarlos con vida, pero una parte de nosotros se resistía a manchar nuestras manos con sangre fría. ¿Éramos capaces de ejecutar a enemigos derrotados?
Un ruido rompió la tensión. De la nada apareció un Vanilmirth, y tras él, con su eterna sonrisa despreocupada, llegó Mein.
—¡Demonios! ¿Me perdí la batalla? —exclamó, para luego alzar su bolsa—. ¡Pero igual traigo pociones, chicos!
Se dirigió hacia los demás Gunslingers que habían combatido con valentía. Pero en un instante, su rostro cambió. Se giró hacia Sophie y Lion, y su voz se volvió fría como el acero:
—Chicos, no pierdan el tiempo…
Alzó la mano y pronunció las palabras fatídicas:
—¡ACID DEMONSTRATION!
Una explosión química, intensa y corrosiva, estalló directamente sobre Sophie. El ácido la consumió sin piedad, y su figura se desvaneció en un grito ahogado.
Lion había quedado herido de gravedad, arrastrándose entre los escombros. Pero de la nada, una figura emergió de las sombras: un hombre con túnica negra, el rostro oculto tras una máscara y una gran espada descansando en su espalda. En un parpadeo, tomó a Lion y desapareció sin dejar rastro.
La batalla había terminado. Habíamos ganado.
Pero lo más importante, lo que realmente llenaba nuestros corazones, era que estábamos todos juntos. Habíamos sobrevivido, habíamos luchado codo a codo y habíamos triunfado.
La gente de Einbroch salió de sus refugios, sus voces se alzaron en una sola aclamación ensordecedora:
—¡USTEDES SON LOS NUEVOS LEGENDARIOS!
Focalor rascó su cabeza, confundido.
—¿Nuevos legendarios de Payon?
Mein soltó una carcajada.
—No… Seríamos de Einbroch, ¿no?
Nos miramos unos a otros y rompimos a reír, una risa genuina, liberadora, que brotaba del cansancio y la victoria. Disfrutamos del agradecimiento de la gente, de sus vítores, de las manos que se extendían para tocarnos como si fuéramos héroes salidos de una leyenda.
Ya no éramos simples aventureros.
Nuestros nombres resonarían en todos los rincones de ese mundo.
Nos habíamos vuelto leyenda.
FIN CAP 51